Colindancias 16 / 2025, 373-378                                                                                                                                                                                                                                                                         DOI: 10.35923/colind.2025.16.17

 

Béatrice Pépin

Universidad de Vigo

 

Victor Ivanovici. De la teoría a la poética de la traducción. Puebla: DGP - Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2022, 336 pp.

 

Recibido: 03.11.2025 / Aceptado: 20.11.2025

 

Lectura inspiradora la del ensayo De la teoría a la poética de la traducción, firmado por Victor Ivanovici y publicado por la Dirección General de Publicaciones de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en 2022. Es un libro que nos invita a revisitar los clásicos de la traductología para mejor valorar la posibilidad de traducir, así como elaborar nuevas pistas metodológicas. La propuesta del autor —lógica en su construcción y hasta obvia— no deja de ser singular: aquí deconstruir no pretende romper abruptamente con todo lo anterior sino proceder a un desmontaje fino, de relojero, para armar nuevos mecanismos con la mayor precisión posible. De lo que se trata es cuestionar las herramientas “traductivas” tal y como están y se articulan para volver a sintonizar teoría y práctica/poética y, de esta forma, (re)conciliarlas.

La propia estructura del libro refleja el recorrido que propone el autor. El ensayo se organiza en dos partes: cada sección cuenta con una breve exposición teórica y tres capítulos claramente definidos. Una serie de adenda completa el volumen, que se cierra con una bibliografía ecléctica (repartida entre corpus y teoría/crítica) y varios anexos, recogidos bajo el lema “Un dossier Paz —Macrís, vía Péret”, entre ellos la reproducción del facsímil de la edición de la colección NRF de la editorial francesa Gallimard o fragmentos de la revista Pali.

La primera sección se titula “Texto y traducibilidad: Boceto de una Traductología contrastiva”. En un breve apartado teórico, “Propuestas teóricas mínimas”, Ivanovici sitúa primero el objeto de estudio: la teoría de la traducción o, mejor dicho, la traducción a secas, dada la desacertada y frecuente disociación entre las correlativas teoría y praxis. Recuerda que el término “teoría” en este contexto necesitaría llevar la marca del plural para reflejar realidades muy diversas, es decir tantas realidades como pares de lenguas. De ahí la denominación de “traductología contrastiva”, un calificativo que proviene de la didáctica, puesto que el autor se apoya en su amplia y variada experiencia, de enseñanza de la traducción entre otras, para elaborar un “modelo teórico puntual”. Para cerrar, propone una definición de la práctica del traducir: arte (convergencia entre creación y oficio) que se consolidará con el aprendizaje.

Los tres capítulos que componen esta primera sección exponen una serie de problemáticas estableciendo un paralelismo entre la adquisición de idiomas y la traductología-traducción. A partir del principio de la “analogía funcional”, se trata de determinar de manera progresiva la traducibilidad de un texto, concepto que Ivanovici traslada, o traduce, a fórmulas matemáticas y esquemas que representan distintos trayectos.

En el capítulo “I. Unas cuantas calas en la «gramática de los errores»”, se demuestra cómo un análisis contrastivo ayuda a señalar las dificultades en el aprendizaje de la lengua extranjera con respecto a las estructuras de la lengua materna, los errores lingüísticos repercutiendo en su traducción. El autor analiza una serie de interferencias entre idiomas tanto en el campo lexico-semántico como morfosintáctico, ofreciendo numerosos ejemplos. Con respecto al primero, los errores lingüísticos pueden ser conscientes, en clave de humor (mediante la homonimia, por ejemplo) o involuntarios, alterando la comprensión (se trata de los errores absolutos y los procedentes de la fraseología). Ivanovici se apoya en la hipótesis del lingüista rumano Eugenio Coseriu, concretamente en su tríptico saber-actividad-producto, siendo la noción de “saber” extrapolable a la crítica de la práctica traductora. En cuanto al campo morfosintáctico, se recomienda un análisis contrastivo por pares de idiomas y se indican líneas generales, con un amplio abanico de recursos (por ejemplo, las equivalencias dentro y fuera de este campo), de nuevo proponiendo una clasificación de posibles errores con abundantes ejemplos.

El capítulo “II. Idea de la estilística funcional” se abre con una breve descripción de las cuatro dimensiones de la estilística tal y como la contempla el autor —dos procedentes de la literatura; dos de la lingüística—, que serán los objetos principales de estudio y que requieren ese enfoque funcional. Después de un breve repaso, Ivanovici valora dos modelos de los estilos funcionales: el de Coseriu con tres tipos de variantes internas y la versión simplificada de Ion Coteanu con su sistema de coordenadas. En los apartados siguientes se expone la problemática histórica alrededor de una definición de “lengua común” en Grecia —no sin relación con la polémica “cuestión lingüística” de índole ideológica—, antes de establecer un modelo estilístico-funcional del griego moderno como diasistema, que el autor contrastará con las otras dos lenguas metas del estudio (el español y el rumano), pudiendo determinar con precisión finalmente el grado de (in)traducibilidad mutua de las lenguas en contacto. Comentarios y numerosos esquemas vienen a apoyar la exposición. En anexo a este capítulo y a modo de complemento, Ivanovici analiza dos registros estilísticos funcionales del español a partir de un fragmento de Octavio Paz y otro de Francisco de Quevedo. Es este un entreacto, quizás —por no decir “entremés”— antes de proseguir con a la vez tan ameno y riguroso estudio.

El capítulo “III. Para un modelo estilístico contrastivo (La estilística literaria al servicio de la traducción)” encara la correlación entre lengua y estilo, que es la que enfrenta el traductor en su tarea de (re)creación. Para “demostrar que toda traducción es una nueva solución a un nuevo planteamiento de la misma pregunta”, el autor se apoya en la idea de la “doble intención del lenguaje” —reflexiva y transitiva— del teórico rumano Tudor Vianu, que coteja con el modelo de comunicación de Roman Jakobson. Como herramienta para sondear la “función poética” y ayudar al traductor en su oficio, propone recurrir a la estilística literaria, lo que obliga a dejar fuera del modelo la incognoscible dimensión de “creación” de la operación poético-poiética. Concretamente, cuatro son las corrientes analizadas por el autor y para cada una propone directrices para lograr efectos estilísticos en la operación de traducción, lo que ilustra con sus propias traducciones, siendo pues las tres lenguas de trabajo el griego, el español y el rumano. Primero, presenta un método “inductivo”, basado en el “círculo hermenéutico” de Leo Spitzer (con antecedentes en Schleiermacher), ilustrado con el estudio de poemas del contemporáneo Odysseas Elytis, contrastado con el prerromántico Andreas Calvos. Segundo, expone un método “deductivo”, procedente del concepto de “figura” del análisis literario de Erich Auerbach, ilustrado con fragmentos de La mujer de Zante (1829) de Dionysios Solomós. Tercero, hace un breve recorrido por el estructuralismo, a partir de Ferdinand de Saussure y de las distintas escuelas y numerosos autores que integraron esta corriente, y aplica este modelo al análisis de un poema de Gustavo Adolfo Bécquer. Y cuarto, aborda el análisis estructural de la narratología inspirado en los formalistas rusos y en muchas otras geografías, en particular el modelo de Tzvetan Todorov, aplicando este modelo al cuento “La Mujer Alta” de Pedro Antonio de Alarcón.

La segunda sección del libro lleva el título “Hacia la poética de la traducción”. La negociación presente en la operación de traducción se lee aquí desde la perspectiva de la comunicación como situación natural (emisor-productor vs. receptor-destinatario), la cual servirá de punto de partida del análisis que se centra en el binomio el traducir-lo traducido. Se retoma la misma serie de problemáticas que en la primera sección, pero con otro enfoque. Y es donde reside el carácter singular del estudio de Ivanovici, en el que resuenan particularmente, entre muchas otras referencias, las aportaciones de Roman Jakobson, Henri Meschonnic, Octavio Paz y George Steiner, ampliamente comentadas. En una introducción de corte teórico —“Supuestos y premisas”—, el autor expone la complementariedad entre teoría de la traducción y su poética —o “actuar traductivamente”— a la par que su “des-sincronización” y “desfase de índole epistemológica” y dibuja una metodología de la práctica traductora, recurriendo a fundamentos teóricos que de nuevo se apoyan en la obra de Eugenio Coseriu, no sin plantear oportunas preguntas.

Los tres capítulos que componen esta segunda sección indagan en la poética en un afán de resintonizar teoría y práctica, quizá como respuesta dual a una misma pregunta, formulada desde una nueva perspectiva, para asentar la dimensión creadora y universal de la traducción. El objetivo será diseñar una “estrategia traductiva”.

El capítulo “IV. Poética del traducir (Instauradora)” plantea la necesaria y prioritaria “conquista de la expresión” y para ello el autor propone volver al proceso de creación para captar mejor los elementos expresivos, buscando inspiración en los entresijos de la práctica creadora de los poetas. Mallarmé y Poe, también en su faceta de teóricos, son los que servirán de guías para la práctica: el “Demonio de la analogía” del primero propone, según argumenta el autor, una perfecta lectura de la traducción; de la Filosofía de la composición del segundo pueden emanar principios útiles para la poética que nos interesa, como lo demuestra Ivanovici a través del análisis de versos del emblemático poema “El cuervo” en su traducción al español y al rumano. Otros conceptos ilustrados con múltiples referencias completan y profundizan el estudio.

El capítulo “V. Poética de lo traducido (Receptora)” se abre con una reflexión alrededor de las numerosas interacciones entre códigos que, en el contexto literario e intercultural actual, diluyen los lindes del propio texto traducido y suponen asumir un “intercambio de energía” entre este y el original. Sigue un meticuloso análisis de las traducciones “oficiales” al griego, español y rumano del “Sonnet en ix de Mallarmé, enfocado en “el modo de equivaler traductivamente el nivel de la expresión”. Las conclusiones de Ivanovici sobre los aspectos estudiados aquí se concretarán en la última parte de su estudio.

El capítulo “VI. Poética de la recepción traductiva” representa “la última etapa del itinerario” y es donde coge forma la “estrategia traductiva” que defiende Ivanovici y que “se manifiesta como un interactuar por la traducción”. Más allá del “campo textual, lingüístico y cultural de la práctica traductora” entran en el punto de mira del autor otras consideraciones, como las relacionadas con los dos principios imperantes de la traductología (fuentista y metista) que han venido marcando a “los operadores traductivos” y a “sus productos” y frente a los cuales el autor aboga por un término medio. Otros campos de interacción serían “el intertexto de traducciones” que abarca todas las versiones existentes, así como la “complementariedad interpretativa con el original”, otros aspectos ampliamente fundamentados e ilustrados. Finalmente, el trabajo de Ivanovici culmina con la esperada reformulación de la(s) pregunta(s) inicial(es) y el balance, igualmente esperado, de la propuesta metodológica. Es hora de emanciparse de “acepciones descriptivas y normativas de la traductología” y contemplar “la relación entre la traducción y la Historia Literaria”. Para ello, recurre al “Polisistema literario” de Itamar Even-Zohar con la pertinente aplicación que interesa, ilustrada por un caso práctico y siempre en busca de un equilibrio. Una “breve revisión de la política de traducciones practicada por la Generación griega de 1930” cierra el estudio que consigue en todo momento enlazar hábilmente, conforme a su propósito, teoría y práctica.

Como colofón, cuatro artículos del autor a modo de adenda componen una lectura complementaria que sintetiza sus intereses por la traductología, la literatura en general y la comparada en particular, y la traducción —con sus múltiples imbricaciones—, los cuales son los pilares del ensayo, reforzando así su cohesión. Ivanovici ofrece a la vez un recorrido por la traductología y una nueva propuesta epistemológica hacia un modelo universal, multicultural (“La traductología: Desde las metáforas de la traducción a la traducción como metáfora”). Los otros textos ahondan a modo de ilustración en diversos ámbitos, como la traductología pura (“Sobre los distintos modos de leer la traductología de Schleiermacher”), la literatura y crítica (“Borges entre la traductología y la «traductosofía»”) y la intertextualidad (“Un intertexto de traducciones: Paz —Macrís vía Péret: Piedra del sol desde la Neovanguardia griega”).

El volumen representa una aportación relevante en el campo de la traductología, contemplada como poética del traducir, es decir un hacer y pensar en práctica o, para citar a Henri Meschonnic, que es una de las referencias del ensayo, “Traducir lo que las palabras no dicen sino lo que hacen”. Destacan a la vez el enfoque didáctico —nos adentramos paso a paso en el modelo presentado desde una perspectiva polisistémica— y la erudición del autor, con incursiones en muchas “otras esferas del saber”, desde la historia a la sociolingüística, pasando por las matemáticas, además de otras más habituales en la investigación de este campo. Cabe mencionar también la gran variedad de ejemplos, lenguas, textos y autores representados en el corpus, así como las numerosas referencias, entre ellas de teóricos rumanos, con un doble interés: la divulgación de sus trabajos, menos conocidos quizás, y que ofrecen valiosas pistas de reflexión. Victor Ivanovici es una personalidad multilateral – ensayista, crítico literario, traductor y profesor emérito de la Universidad Aristóteles de Tesalónica– y su habilidad reside en tender puentes no sólo entre el aprendizaje de idiomas y la traducción, sino también entre múltiples conceptos y teorías en clave creativa, sumamente oportuna en los ámbitos que nos ocupan. Contrastar ampliamente varias lenguas (de)muestra el valor de aprenderlas, enseñarlas y traducirlas. Y es preciso contemplar el trabajo que consiste en revisar y ampliar tanto los estudios como las políticas de traducción en un contexto marcado por rápidas transformaciones, que incluso se pueden tomar como mutaciones radicales, en lo que toca a la esfera tecnológica, todo ello con repercusiones en el lenguaje y el pensamiento crítico. El ensayo de Ivanovici constituye, por tanto y sin duda alguna, una lectura imprescindible para traductores, profesores y estudiantes, y con más motivo para los que se dedican a traducir poesía o a enseñar o aprender a traducirla.