Colindancias 13 / 2022, 257-262                                             DOI: 10.35923/colind.2022.13.14

Carla Penabad García

Universidade da Coruña, España

Fermín A. Rodríguez. Señales de vida:

literatura y neoliberalismo. Villa María: Eduvim, 2022, 436 pp.

Recibido: 19.10.2022 / Aceptado: 21.12.2022

Las políticas neoliberales y sus correspondientes efectos devastadores en la Argentina de la década de los 90 se instalan en un presente asolado por el terror económico, la precarización del trabajo, el exceso de desempleo y la desarticulación del Estado de Bienestar. El investigador, docente y crítico literario Fermín A. Rodríguez (Monte Hermoso 1967) realiza un análisis de las transformaciones del poder a través de la literatura; observa con precisión cómo los regímenes políticos influyen y alteran la organización social y económica en Señales de vida: literatura y neoliberalismo (2022). Esta obra se inscribe en la serie Zona Crítica de la editorial argentina Eduvim, dirigida por Roxana Patiño.

Detrás de las diversas obras de ficción que Fermín A. Rodríguez selecciona, se esconde una ardua destrucción de la verosimilitud y la regulación de la subjetividad creada por las políticas neoliberales. Señales de vida pretende precisamente lo que indica su título: criticar, mostrar, dar a conocer, las consecuencias y efectos de las políticas neoliberales en la sociedad a través de los discursos literarios. La literatura, que había servido como mecanismo de naturalización nacional, registra ahora la crisis económica y la decadencia detrás de la modernización neoliberal argentina desde los años noventa.

Para ello, el autor selecciona una docena de obras escritas entre 1983 y 2009 a modo de pequeña muestra del estancamiento sin progreso ni desarrollo individual, extrapolado a los personajes y espacios ficcionales. Las doce contribuciones que lo conforman se articulan siguiendo un criterio temático en cinco bloques: “Ser vivo. Neoliberalismo y subjetivación” (29), “Escombros y desperdicios. Las formas de la destrucción” (101), “Villa Villa. Hacer con la crisis” (163), “El aguante. El trabajo después del trabajo” (229), “Los escritores-lobo. Violencia de género, género y discursos del odio” (321).

 

Dos obras conforman el bloque inicial, ambas de Rodolfo Fogwill. La primera de las obras escrutadas es Los pichiciegos (1983), considerada un clásico tanto de la literatura argentina como de la literatura sobre la Guerra de Malvinas. Por tanto, esta se inscribe en plena guerra entre Argentina y Gran Bretaña, momento decisivo en la carrera política de Margaret Thatcher, la cual cimentó su imagen de Dama de Hierro al ordenar el uso de la fuerza para recuperar el archipiélago, recobrando así los viejos aires colonialistas británicos y apelando a los valores tradicionales. Los pichiciegos son un grupo de veinticuatro soldados que en plena guerra desertan y se ocultan en un refugio subterráneo. Parece haber una intención de identificación de los desertores con pequeños grupos opositores que lo único que buscan es el fin de conflicto y la oposición a la dominación, llegando a colaborar con el enemigo.

Los márgenes de la sociedad y el vivir afuera del Estado de Bienestar son temas formulados en otra novela de Fogwill, Vivir afuera (1998). La obra transcurre durante once horas vacías de tiempo tras terminar su jornada laboral seis personajes. Todo ello se envuelve en un clima de conspiración e intriga.  Fermín A. Rodríguez examina e incide en gran parte de las obras en cómo los cuerpos son afectados por otros cuerpos, en el cuerpo como arma y al mismo tiempo diana, o incluso la necesidad de otros cuerpos. Además, los sujetos del neoliberalismo buscarán todo el tiempo convertirse en otra cosa, el cambio, la salida. El neoliberalismo incide directamente a través del cuerpo y de sus afectos, convirtiendo a estos en dependientes de su rendimiento.

El segundo capítulo aborda la atmósfera precaria neoliberal en un país que se está hundiendo, así como la desintegración de los espacios de la literatura nacional. El aire (1992), de Sergio Chejfec, presenta la disolución de un hombre tras una ruptura matrimonial en un tiempo de indecisión e irresolución, así como su declive hacia una vida de marginación y desamparo por las calles de una ciudad fantasma. La vulnerabilidad del personaje se muestra a través de pequeños desajustes o contratiempos en un espacio caracterizado de imprevisibilidad económica.

El desperdicio, la novela que Matilde Sánchez publica en 2007, es un relato de cómo la inteligencia resulta insuficiente en un mundo cargado de tragedia y mezquindad. Esta obra enfoca el derrumbe del campo, pues el paisaje rural había sufrido un gran cambio: nuevas formas de explotación y concentración de la tierra con el fin de reinscribirlo en el marco del biocapitalismo emergente. La desintegración de dichos espacios trajo consigo la redistribución de cazadores de liebres, indigentes y habitantes de contenedores; nuevos pobladores del campo. Del mismo modo, la ganadería había sido reemplazada por el cultivo del girasol y las mutaciones genéticas estaban a la orden del día, dando lugar a un paisaje desnaturalizado. La protagonista se abandona en las grandes transformaciones del presente y deja a un lado la nostalgia. Con ambas obras, Fermín A. Rodríguez trata de mostrar cómo la crisis se extendió hacia todo tipo de espacios.

 

La Villa (2001), Las noches de Flores (2004) y La Virgen Cabeza conforman el tercer bloque de la obra. Este se centra en cómo se constituyen las subjetividades de la crisis, de su vulnerabilidad y de su potencia.

Lejos de ponerse a la cabeza de ningún movimiento social y sin ocupación alguna más que el fitness, el protagonista de La Villa utiliza su desocupado cuerpo obedeciendo a un impulso comunitario y decide ayudar a los cartoneros del barrio porteño de Flores en sus rondas nocturnas. Las ficciones de vida de César Aira, afirma Rodríguez, “se ponen en la otra cara de la crisis para afirmarse en la emergencia de nuevas subjetividades que desbordaron por abajo las micropolíticas neoliberales y sus mecanismos de normalización de las conductas a favor de la fría racionalidad del mercado” (165).

En Las noches de Flores (2004), Aira pone el foco en una situación extrema, la de un matrimonio de jubilados que intentan sobrevivir al desmoronamiento de un país y sus consecuencias. Estos se ven abocados al trabajo precario nocturno y plantar cara a la delincuencia que azota las calles porteñas. Se trata de nuevo de hacer visible la adaptación para sobrevivir, de nuevo el neoliberalismo desde las subjetividades populares.

La primera novela de la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, La Virgen Cabeza (2009), cuenta la historia de Cleopatra, una travesti que es venerada como santa en una villa miseria de Buenos Aires luego de que empieza a comunicarse con la Virgen María. Entre los temas que explora la obra se cuentan la religiosidad popular, la marginalidad, la corrupción política, la violencia y la diversidad sexual. “La vida precaria que explora La Virgen Cabeza es una forma de vida incierta, sin expectativas de progreso ni promesas de estabilidad, repleta de accidentes y transformaciones, de umbrales y alianzas, de intensidades presubjetivas y alianzas interespecie, que se define por la fuerza de lo que la mantiene unida tanto como por su amenaza siempre latente de disipación” (198). También ahonda en la memoria, pues Rodríguez recalca la capacidad de afectar a los vivos que poseen los muertos, ya que estos albergan “una fuerza vital potencialmente disruptiva, inseparable de prácticas de afirmación de la vida en su vulnerabilidad, pero también con su potencia de ruptura y su poder de reconfigurar el pasado, el presente y el futuro de la comunidad” (216).

 

El trabajo precario y su normalización son cuestiones exploradas en el cuarto bloque de esta obra. La escritura aguda de Eltit en Mano de obra (2002) nos enfrenta a unos personajes sometidos a las prácticas económicas del neoliberalismo para quienes solo existe una ilusión de democracia que descansa en la vigilancia ciudadana, la enajenación producto del trabajo y la hegemonía del consumo. Podemos observar cómo las aspiraciones de los individuos por forjar proyectos de vida se desvanecen y la degradación humana convierte los cuerpos en zonas residuales. Los trabajadores de la época industrial, explica Rodríguez, salían de la fábrica tras ocho horas de haber repetido movimientos automáticos, alienados y cronometrados, al ritmo de las máquinas. Sin embargo, los trabajadores precarios del supermercado no pueden dejar de sentir, pues deben de rendirle cuentas a la máquina del trabajo afectivo y emocional. “Se trata de una nueva forma de valorización y explotación de la subjetividad de los trabajadores basada en la rentabilidad de los afectos –una nueva economía afectiva, apoyada en el registro de lo anímico y codificada como servicio” (231).

El amparo (1994), de Gustavo Ferreyra, se desarrolla en una mansión habitada por un amo y decenas de sirvientes. El miedo, el desprecio, el odio y la paranoia son los compañeros infatigables del protagonista y sirviente, Adolfo. Este consagra su cuerpo y su vida al servicio autoritario del señor, empleando su boca y cuerpo como un útil. Nadie actúa libremente en la mansión, mandan o son mandados. El esclavo teme ser despedido y acumula sus deseos de venganza contra un igual, nunca contra su señor.

La picaresca neoliberal Las aventuras del Sr. Maíz (2005), de Santiago Vega (alias Washington Cucurto), construye un lugar de enunciación donde conviven cuerpos y palabras en exceso, de forma desordenada y ruidosa; un espacio de incorrección formal donde se puede decir cualquier cosa y hacer chirriar la lengua literaria en tonos y materiales provenientes del mundo de las clases expulsadas del sistema político (287). Vega/Cucurto redacta esta obra desde una posición de privilegio, la de haber vivido el boom del neoliberalismo y haber trabajado como reponedor.

Laura Meradi escribe la crónica Alta rotación. El trabajo precario de los jóvenes (2009) sobre la realidad de los jóvenes que realizan distintos trabajos “basura” en la Buenos Aires contemporánea, desde la experiencia. La narradora no solo recoge las voces y las historias de las personas que realizan los trabajos que describe, sino que ella misma experimenta durante un año la continua rotación de trabajos poco cualificados y mal pagados en condiciones laborales precarias con el fin de relatar fidedignamente la figura del empleado o empleada del siglo XX.

 

Marcia, empleada de supermercado amable y servicial, como así lo dictan las formas modernas de explotación, queda fascinada ante el rechazo de la jerarquía de la empresa por parte de dos chicas punk en La prueba, de César Aira. La novela fue publicada en 1992 pero terminó de escribirse en 1989, momento en el que en Argentina Carlos Saúl Menem se convierte en presidente. Su liderazgo quedaría oscurecido por una gran crisis económica. En un clima de contrarrevolución, la inminente hiperinflación supuso un estado de bancarrota, sueldos inexistentes y violencia social, quedando expuesta la incapacidad del Estado para gobernar y asegurar el orden. Se identifican tres temáticas principales: el consumismo como resultado del ser humano alienado, incapaz de escapar de un mundo de consumo característico de la globalización; las tribus urbanas, como consecuencia de un desajuste social de los jóvenes; el amor como salida de la coerción del mundo materialista propio de los sistemas neoliberalistas.

Finalmente, Rabia (2004) manifiesta un conflicto de mundos y de fuerzas. Sergio Vicio cuenta la historia de un obrero que encarna la lucha de clases y asesina a su capataz. Se refugia en una zona deshabitada de la gran mansión donde trabaja su novia como criada. Esta reclusión le convierte en un fantasma que espiará durante años la vida de los dueños de la casa, con lo que esto conlleva: miserias morales, hipocresía, humillaciones que le infligen a Rosa, etc.  Rabia es una historia de amor, sobre la impotencia, la amargura y la desesperación que, inopinada y lentamente, se transforman en rabia.

Señales de vida cierra con un bloque en auge como es la violencia de género y los discursos de odio hacia las mujeres. La primera obra seleccionada es Boca de lobo (2002) de Sergio Chejfec, el cual trata de la relación del propio escritor, narradorprotagonista, con una joven obrera. El personaje de Delia permite que la narración se acerque a la vida y hábitos de sectores obreros. El cuerpo de la joven es deseado, pues encarna el poder que sostiene y empuja la realidad, un poder de hacer realidad y de dar vida a partir de la potencia del trabajo productivo y reproductivo (330). Violada y abandonada en estado de gestación avanzado, la joven es empujada al desempleo, a la inseguridad laboral. Delia es, como tantas mujeres, reasignada a las funciones de reproducción biológica, entregando a sus hijos a la muerte lenta de la explotación.

Por otro lado, la novela póstuma de Roberto Bolaño, El secreto del mal: 2666, envuelve tramas de violencia, miedo y degradación del cuerpo femenino. La tradición del abuso, la misoginia criminal, el poder de los narcos, la trata de mujeres, la corrupción policial, son algunos de los temas que producen un miedo contagioso que se apodera de los sujetos de 2666. El gran relato de la modernización parece haberse detenido a un acontecimiento que se repite incesantemente: el secuestro, violación, tortura y asesinato brutal de cientos de mujeres que, en cierto sentido, siempre son la misma; joven, migrante y pobre. “El cuerpo femenino se transforma en un campo de batalla que lleva las huellas de un poder de apropiación y expropiación absolutos, de una voracidad sin límites, que escribe directamente sobre el cuerpo y con el cuerpo mutilado de las víctimas una de esas macabras ficciones de la política latinoamericana” (356).

 

La violencia urbana es el tema central de La Virgen de los sicarios (1994), novela del colombiano Fernando Vallejo. Medellín fue el escenario principal de las mafias y las drogas en la década de los 90, pues se convirtió en uno de los cuarteles principales del poderoso cartel de Pablo Escobar. En esta obra nos ponemos en la piel de Fernando, que regresa a su ciudad natal después de treinta años. A través de sus ojos apreciamos la atmósfera de violencia causada por las guerras urbanas del narcotráfico.

Señales de vida: literatura y neoliberalismo busca, fundamentalmente, reivindicar las repercusiones del neoliberalismo en la sociedad a través de la literatura y, además, rescata o revela autores que habían caído en el olvido. Resulta enriquecedora la aportación de nuevas ópticas y diferentes interpretaciones sobre un mismo tema por parte de diferentes perfiles.

 La literatura posee el poder de la “inmortalización”, esto es, nos permite hoy en día observar la problemática del siglo pasado en la Argentina neoliberal en el canon literario del momento. Fermín A. Rodríguez consigue reflejar el sistema ideológico que albergan las diferentes obras y no tanto la realidad de la creación literaria.

Llegados a este punto, queda patente que la obra de Fermín A. Rodríguez cumple con lo que augura: presenta una selección de excelentes obras literarias, instaurando así diferentes visiones de entender la literatura de Hispanoamérica y, concretamente, argentina. Cabe destacar el enfoque en las cuestiones más controvertidas, polémicas y marginales, las cuales forman parte de la identidad hispanoamericana, contribuyendo así a su presencia en la actualidad. En suma, hace visible lo invisible, aquello que podemos palpar con nuestras propias manos y, en ocasiones, no percibimos a simple vista.